32 años después...

32 años después...

(Recuerdos del 20 de septiembre de 2017, un día después...)

Hoy desperté con dolor de garganta por tanto hablar y mojarme bajo la lluvia, dolor de pies por tanto caminar y estar parada, dolor de espalda de tanto cargar, pero sobre todo, dolor de corazón. 

Hoy, a un día después del caos y a un día antes de una nueva oportunidad, el universo me ha golpeado con distintas sacudidas y en un mismo momento siento que todo alrededor de mi vida se derrumba, y derrumba en un sentido muy literal.. SE DERRUMBA...

Ahora entiendo lo mucho que te cambia estar tan cerca de un evento contra el que no puedes hacer nada, pero al revés, puedes hacerlo todo....

En ratos me siento culpable por creer que no hago suficiente, pues estando tan cerca no puedo quedarme de brazos cruzados.

Nunca había creído que podría morir como lo sentí hace 3 días. Los ruidos de las vajillas de Sanborns todavía me atacan antes de dormir y ver como volaban los libros por los pasillos mientras pensaba que iba a caerme encima todo un centro comercial.

Hoy agradezo al Universo que mi gente esta bien. Fueron horas de ansiedad, de no poder comunicarme, pues sin redes telefónicas ni luz la ciudad era un caos. Esa noche dormí asustada, esperando una replica con todas mis cosas a la mano y extrañando enormemente un abrazo de las personas que más amo. Tuve un nudo en la garganta por dos días seguidos sin llorar una sola lágrima. Esa mañana al despertar corrí a casa desde el otro lado de la ciudad para ver como había quedado, sólo encontré mi cama movida como si la hubiera querido cambiar de lugar. Me dio alegría ver que mi edificio estaba intacto. Entonces era hora de ayudar. Salí a las calles con un grupo increíble que tenía todas las ganas de hacer algo por la gente, en una camioneta y con un perro que nos acompaño en todo momento, fuimos de punto en punto trasladando alimentos, aguas, picos y palas. Todos queríamos hacer algo y así nos agarró la noche, la lluvia, fugas de gas, casas a punto de colapsar y edificios con gente adentro que se negaba a salir. 

Yo seguía sin llorar. 

Otros problemas me atacaban internamente... y al llegar la noche mientras veía las noticias en mis redes sociales, mi corazón colapsaba igual que una decena de casas. Por fin lloré, lloré hasta el cansancio y me quedé dormida. 

Me ha cambiado la percepción de la vida en tan poco tiempo, un día vas a la oficina y tienes todo, pero al otro te toca desalojar un espacio al que te has encariñado, decirle adiós a esa colonia donde usualmente trabajabas y a la que estas acostumbrado. Eso no es nada en comparación con la gente que se quedó sin hogar o peor aún, sin familia, pero duele, duele perderlo todo. 

Gracias a esto me he dado cuenta que la gente saca lo mejor de si en estas situaciones, pero también lo peor. Que no siempre se puede hacer todo lo que uno quiere, pero se puede hacer algo. Que no hay que perder ni un segundo para decir lo que sientes o lo que piensas a quién más amas, que pidas perdón y arregles los problemas pues no sabes cuando los volverás a ver. Que la verdadera ayuda NO se presume, pues la caridad se convierte en vanidad. 

México se siente triste, se viste de gris y llora con lluvia por la sacudida que recibió, no una, sino dos veces, pues no podemos olvidar que días antes ya nos había dicho el mundo que algo andaba mal. 

Estoy agradecida por esta segunda oportunidad, pude ser yo quién no regresara a casa esa noche, pude ser yo quién no encontrara a sus seres queridos, pero la vida me dio la oportunidad de intentarlo de nuevo, de hacer las cosas bien. Hace 32 años estaba en una cuna y no me enteré de nada, hoy a mis 32 me entero de todo y por algo estoy aquí.

Muy pronto habrá noticias sobre como ayudar a toda la gente que se quedó sin nada. Esten pendientes pues contamos con su ayuda. Gracias y mucho amor para todos...