Cuando te das cuenta que te has convertido en uno de ellos: Llegué mexicana y me volví newyorker

Cuando te das cuenta que te has convertido en uno de ellos: Llegué mexicana y me volví newyorker

Original para Esto es Púrpura

Cada día que paso en la ciudad que nunca me duerme, me doy cuenta como mi humor, mi forma de pensar y mi paciencia no son igual que antes. Llevo aquí un par de años y veo como ahora mi actitud hacia la vida es distinta.

El otro día mientras esperaba el metro descubrí mi nuevo yo y me asusté de mi misma pues no podía creer mis reacciones ante las cosas. Me dio un ataque de risa ahí mismo y me sorprendí de cómo me ha cambiado Nueva York. A veces para mejor, pues considero que soy mucho más resolutiva, eficiente y rápida; independiente y socialmente más activa y audaz. Pero por otro lado te vuelves más egoísta de tu tiempo, tu dinero, y tu casa. En fin… creo que todas las que vivimos aquí por más de un año sabemos lo difícil que es conseguir las cosas, pero por otro lado cuanto se disfruta cada logro y alegría.

Situaciones en las que te das te das cuenta que ya eres newyorker:

1.       No tienes tiempo de ver a nadie. Absolutamente cada invitación que te llega tienes que agendarla y literalmente es un problema hacer todo lo que pretendes. Moverte entre cada zona, el metro, la cantidad de trabajo que tienes que hacer para ‘sobrevivir’ más la otra parte que inviertes en lograr tus sueños, tus propios proyectos, el gym y descansar, más los mil eventos que hay diario en la ciudad hacen que simplemente le pidas más horas al día.

2.       No te enamoras. Cuando llegas con ese corazón latino y lleno de amor para todos, te abres a la gente, dices que si a las oportunidades, pero desafortunadamente después de que te rompen el corazón más de una vez aprendes la lección. Te vuelves uno más de ellos, aprovechas lo que puedes sacar de cada cita y persona, das de ti, pero jamás te abres por completo y simplemente pasas el rato pues no sabes si puedes confiar en aquellos hombres que se ponen antes que nada, y eso es lo que haces tú, ponerte a ti primero, a ti después y a ti al final. Acabas por ser una newyorker que esta lista para ver el menú y elegir a las víctimas.

3.       Usas dating apps por aburrición. Ya no pretendes conseguir el amor de tu vida a través de una aplicación, simplemente estas aburrida esperando el metro o en tu casa y abres la app para ver con quien platicas, a quien le sacas la información, simplemente por matar el tiempo. Si llegas a salir con alguien, tiene que ser cerca de tu casa pues eso no te quita el tiempo y es conveniente para todos, si te aburres huir es lo más fácil y que mejor que caminar 10 cuadras y estar en casa sana y salva.

4.       No tienes tiempo. Cuando te llama tu familia de México siempre estas corriendo, o en el metro, en un elevador o te está entrando una llamada ‘importante’. Siempre es lo mismo, no te da tiempo de ir al súper, de lavar ropa, de leer un libro y de ir al cine. La vida va a mil por hora, así que en resumen no hay manera de hacer nada, aunque siempre haces 100 mil cosas.

5.       Tu cuarto se vuelve hotel. Antes era impensable que yo rentará mi cuarto a extraños, ni siquiera lo veía como opción, hoy si alguien busca donde quedarse siempre ofrezco mi cuarto o depa para que lo renten. También es complicado recibir visitas, esa prima que adoras o tu hermano y su novia que mueren por visitarte, pero sabes que eso aquí en NY no es tan fácil, pagas una cantidad de renta impensable, nadie se imagina lo que sufres para pagarla y recibir a medio mundo sin que den nada a cambio se vuelve incómodo. Los roomates son otro tema y las reglas para los invitados son miles, pues además es una ciudad mega visitada y tienes que agendar que no se junten las visitas de dos roomates al mismo tiempo sino el hogar se vuelve campo de guerra.

6.       Turistas. Tusamigos, familia y vistas de amigos te desesperan. Su lentitud, si se pierden o si no saben usar ciertas aplicaciones o si no saben nada. En general la paciencia y tolerancia de un newyorker es nula y te das cuenta que ya no aguantas nada, si alguien te empuja te enojas, si no avanzan te desesperas. Esto también lo notas cuando vas de viaje a México o a otro lado, el que sea… todo es lento, la gente saluda y sonríe, en fin, nadie sabe nada, todos tienen reacción lenta, pero tú con todo el rush que traes no entiendes nada, parece que la vida va en cámara lenta. ¿Será que el que debe bajarle dos rayas a la intensidad es uno?

7.       No puedes vivir sin el celular. Es un mal de casi todos lados, pero me doy cuenta que es una extensión de mi vida que antes no necesitaba, un producto salvador de vidas. El otro día salí de fiesta y acabé a las 9 am en Bedstuy, lugar recóndito de Brooklyn que jamás había pisado de madrugada. A esa hora decidí terminar la fiesta y regresar al hogar. Salí confiada en encontrar un metro cerca, pero claro, ¿dónde está el metro? Hay que buscarlo en el celular, vi que estaba a varias avenidas y bastantes cuadras de distancia y mi cuerpo solo quería dormir. Esperé a ver si pasaba un taxi, pero en esas calles desconocidas para mí no pasaba ni Dios. Mi celular tenía la abundante cantidad 2% de pila, la gente bastante extraña pasaba por ahí y me veía raro, y yo entré en pánico pues ya no tenía forma de entrar de donde había salido. Rezando para que la pila no se acabará, pedí un uber con la esperanza de que llegará antes de que la pila muriera, no había ni uno cerca, pero al final encontré uno y la pila bajo a 1%, esperé 5 min, 4, 3 y entonces… llegó el coche, mi pila murió al minuto de subirme, salí victoriosa, pero ese día valoré mi celular más que nunca.

8.       Audífonos. Son tu aliado, pues como mexicana antes siempre quería saludar a todo el mundo, sonreír, darle dinero a los vagabundos, recibir flyers. Pero después te das cuenta que hay que ignorar, ignorar al enemigo, caminar y evitar contacto visual. La vida no es fácil y el tiempo es oro, así que crea tu propia película y con tu playlist la vida sonará como tú quieras, lentes en la calle y audífonos: evasión segura a lo indeseado. Cada vez que algo te interesa te quitas los audífonos y prestas atención, así funciona la vida en Nueva York.

9.       Te asustan las llamadas. Antes estaba acostumbrada a llamarle a todo el mundo cuando estaba aburrida, tenía tiempo de larguísimas conversaciones con mis amigas saliendo de la oficina y mi novio me llamaba para ver cómo estaba. Aquí después de sufrir de soledad, aprendes a amar ese estado y te vuelves independiente y concentrada en tus proyectos, lo malo es que acabas teniendo miedo al contacto real. Todo es vía mail y mensajes. El problema es cuando entra una llamada a tu teléfono y te quedas en shock, no sabes si contestar o no, ya no sabes cómo es hablar con un extraño y si es un amigo, te indignas, ¿porque me llama a esta hora? ¡estoy ocupada! Incluso he llegado a colgar llamadas para seguir checando mi Instagram y luego regresar la llamada diciendo que estaba trabajando. Así es, a veces la falta de contacto real acaba por convertirte en un maniático antisocial de la gran manzana.

10.   Adicto a las aplicaciones. Cuando llegué a Nueva York, siempre traía dinero en efectivo, ahora simplemente no recuerdo el día que saqué dinero de un cajero. Las aplicaciones para transferir dinero me volvieron una adicta y ya hasta la renta pago así. Ya no sabes cómo pedir comida por teléfono, todo es a través de plataformas de comida con infinitas opciones y no recuerdo aquel día en que paré un taxi pues los coches que pido por mi celular son más baratos y efectivos. Aquellos días de antaño donde todo era manual y tardado han quedado atrás.

11.   Negro. No hay otra opción para vestir, es entonces cuando tu lado fashion newyorker sale a la luz. ¿Acaso hay otro color? Antes no salía de colores vivos, prints, flores, tonos pastel, en fin cada temporada un color me enamoraba. La vida en la jungla de concreto te exige vestir de negro, pasar desapercibida cuando no quieres ser notada, verte elegante y perfecta para cualquier ocasión y el negro nunca falla, perderte entre las calles y usar un vestido negro con zapatos de fiesta o con tenis deportivos. La moda en la ciudad no tiene otro color y Nueva York lo sabe.

Sé que es fácil adaptarse a los cambios y me gusta la nueva persona que soy, capaz de resolver un problema en 10 segundos y sin miedo a nada. Pues esta ciudad te hace fuerte. Sin embargo no hay que perder esa parte mexicana de carisma, actitud alegre y sonriente ante la vida, no dejes que la prisa y el estrés te consuman y recuerda que siempre serás aquella mexicana buena onda que tiene ese trato cálido y humano que te hace especial, sin olvidar que ahora estas aquí enfocada en ti, no dependes de nadie y aprovechas las oportunidades que antes no. Solo toma lo bueno de cada lugar y has la mezcla perfecta.